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viernes, 26 de agosto de 2022

martes, 16 de agosto de 2022

Promesas

Finalmente, y después de un tiempo mucho mas dilatado de lo que originalmente creí que tomaría, Publiqué nueva música.
Ya te conté acerca de Micelios, El álbum/EP que voy a publicar en octubre, y que produje durante la cuarentena. Ahora toca hablar puntualmente acerca de Promesas.

Promesas es para mi una de esas canciones atemporales que podría pertenecer a cualquier época de la música popular de nuestra región. 
Me tienta contar en detalle lo que intenté expresar a través de sus estrofas, pero me parece mucho mas divertido dejar que libre la imaginación de quien la escucha.
Lo único que puedo anticipar es que las promesas que en ella vierto nos interpelan a todos/as por igual
Promesas forma parte de Micelios, el Álbum/EP que voy a publicar completo en octubre. Aunque pueda parecer reiterativo, quiero contar que Micelios es un trabajo producido durante la pandemia, en mi home studio. Y a pesar de que fue una etapa muy solitaria, la realidad es que es un trabajo que dista mucho de ser realizado por una sola persona. En forma remota, dialogamos cotidianamente con el "Fleko" Mauricio Correa Antoni, para alcanzar una mezcla que a mi me dejó entre sorprendido y satisfecho. El mastering lo hizo Lucas Gómez y el arte de tapa
es obra de Flavia Rodríguez Las imágenes del Canvas de Spotify, como las que se proyectarán en las presentaciones en vivo, son de Pau Scarso Las fotografías fueron tomadas por Banjamín Correa Antoni
La distribución la realizó IN Distribución Digital Integral

domingo, 26 de diciembre de 2021

Te debo una disculpa


Foto: Benjamín Correa Antoni

Te debo una disculpa. No he sido del todo cuidadoso contigo.

Me pasaron un montón de cosas en este tiempo y no tuve la delicadeza de comentártelo.

Es que ya estoy cansado de justificarme, pero es así, por una vez mas las cosas no salieron como tenía planeado.

Ilustración: Flavia Rodriguez
No te conté, por ejemplo, que tenía previsto hacer un recital este año, el pasado 17 de diciembre.

No te conté, tampoco, que a los pocos días me enteré de una superposición de fechas laborales y que tuve que cancelar el recital, sin posibilidad de reprogramación.

Ilustración: Flavia Rodriguez
Se termina 2021 y me queda una extraña sensación de no poder justificar con hechos todo lo maravilloso que fue el año.

Ilustración: Flavia Rodriguez
Te hablé antes de Micelios, el nuevo álbum en el que vengo trabajando, y siento que no puede ser mas acertado el título. Así, subterráneamente, como las raíces, invisiblemente vine construyendo una red de trabajo que involucró a gente maravillosa, quienes colaboraron con su arte para concretar un nuevo trabajo discográfico.

Y es eso algo de lo que quiero hablar muy detenidamente en una próxima entrega, respecto de cada persona que contribuyó con su arte, su oficio, su amistad, su saber, para que sea una realidad que en Octubre de 2022 los Micelios de Alejandro Kaplan emergan en este bosque, llenando el suelo de honguitos coloridos, sanadores, nutritivos, invitadores a la reflexión.

 





Ilustración: Flavia Rodriguez

viernes, 26 de noviembre de 2021

Columpios

 Hay canciones que son atemporales. 

Columpios es un canto de amor a mis niñas, que por mas grandes que puedan volverse, seguirán siendo siempre mis chiquitas

jueves, 11 de noviembre de 2021

Te amo, te odio, dame mas

 

Te amo, te odio, dame mas

Del vínculo que establecemos con nuestros entornos digitales 


Probablemente Charly no se refería exactamente a la misma clase de sustancias cuando acuñó esta frase, pero lo cierto es que hoy vivimos adictos a la dopamina. 



Y si crees que no es tu caso porque sos una persona sana que no consume mas que verduras y bebe agua, hace ejercicios y no fuma, te comento que la dopamina la aporta nuestro cuerpo cuando estamos realizando otra clase de actividades, como ver televisión, jugar videojuegos o hacer scrolling en las redes sociales. (Ok, enamorarnos también)



No estoy seguro si podemos decir tanto como que “el mundo ha cambiado”, pero si sería correcto hablar de que las reglas del mercado se rigen actualmente y en gran medida por lo que ocurre en Internet en general, y en las redes sociales en particular. No pueden negar que Twitter es casi tanto o mas importante que el recinto legislativo a la hora de debatir acerca de política. No se puede soslayar el hecho de que las mas efectivas campañas publicitarias se nutren de Instagram o Facebook. No se puede dar la espalda a la vidriera que representan para lxs artistas Youtube, Spotify, Tik Tok…

A ver, hay infinidad de artículos para fundamentar con datos precisos todo esto que lanzo al boleo.

Pero principalmente, y esto es lo que quería expresar, todas nuestras relaciones humanas, durante la pandemia (excluyendo a las personas de nuestro núcleo mas íntimo), reitero, todas nuestros vínculos, se establecieron virtualmente a través de internet: La escuela, el trabajo, las reuniones por zoom, por meet, etc de cualquier índole.



Si la tendencia apuntaba en esa dirección, la pandemia vino a ahondar el uso y la dependencia de las Redes Sociales.

Y luego de un cierto tiempo, y de una manera irracional, comencé a odiar a las redes sociales.

Es que por el modo de empleo, para los artistas que las usamos como un medio para comunicar lo que hacemos, creímos equivocadamente que teníamos la obligación de mostrarnos siempre alegres, siempre positivos, siempre virtuosos, pasándola bien, divertidos, glamorosos, etc. Y si hubo algo que faltó durante los meses de confinamiento por la pandemia, fue ese espíritu positivo, esperanzado, divertido, enérgico. Al menos, no abundó la mayor parte del tiempo.



Esa trampa que representaba para mi tener que mostrarme de ese modo me hizo preferir no aparecer. Me hizo aborrecer la obligación de cumplir con los requisitos del tirano algoritmo, que te premia si compartes mucho contenido y te castiga si no lo haces.

Sé, porque me lo han dicho, que a muchxs colegas les pasó lo mismo.

En otro momento podré explayarme acerca de las cosas que me mantuvieron ocupado durante la pandemia, que no fueron para nada ociosas, para nada improductivas.

¿Y vos? ¿Cómo te relacionaste con las redes sociales? ¿Eras de lxs que compartían capturas de pantalla de grupos en zoom con la leyenda “Trabajando”? Te sentías con la necesidad/compromiso de estar subiendo constantemente contenido? ¿Tenías cosas para decir?

Te leo

martes, 9 de noviembre de 2021

Micelios - Nuevo álbum

 

Micelios



Ph Benjamín Correa Antoni



El micelio, o micorriza es el conjunto de hifas que forman la parte vegetativa de un hongo. La hifa es un filamento fúngico que se origina a partir de las esporas. Estas estructuras, consisten en una red de células, las cuales conforman los cuerpos fructíferos de los hongos.

Los micelios se ramifican sutilmente bajo tierra. De manera imperceptible e incesante, estos organismos se extienden tanto como pueden. Si, como en la película Ávatar, parecido a conexiones neuronales, interconectan subterráneamente organismos que en algunos casos llegan a medir cientos de hectáreas. Además, regulan los nutrientes del suelo. En el bosque, es capaz de enviar a un árbol moribundo nutrientes, agua y “medicinas”, o de combatir plagas e infecciones. Si, es correcto denominarlo “guardián del bosque”.

https://www.tunuevainformacion.com/images/ARBOL.jpg


Adentrarse en el reino fungi puede ser apasionante, aunque a mi me interesaba simplemente aclarar lo que significa una palabra que (según entiendo) la mayoría de las personas que la escuchan o leen no tienen idea de su acepción.

https://concepto.de/wp-content/uploads/2020/11/hongos-e1606229432392.jpg


¿Y que tienen que ver los micelios con mi música? ¿Por qué le puse el nombre “Micelios” a mi segundo álbum solista?

No voy a negar que Micelios es un álbum enfocado en la espiritualidad. Terminé de reunir las canciones que lo conforman durante los primeros meses de la pandemia, allá por mayo de 2020, cuando la introspección y el tiempo ocioso eran la norma.

Me dá un poco de inseguridad hablar de espiritualidad, por la connotación inevitable que cada persona acarrea como pre-juicio de ese concepto. Pero justamente de eso se trata: que cada persona haga su interpretación de lo que le propongo, y le imponga el color que le sienta mejor.

Si me interesa, sin embargo, aclarar que para mí, la espiritualidad no tiene necesariamente que ver con la religiosidad.

Pero sigo sin ir al grano, y responder por qué Micelios es un nombre apropiado para mi álbum.



Son canciones sin una conexión evidente, pero que subrepticiamente mantienen un elemento en común, una fibra, una hifa, que no voy a explicar para no arruinar esa magia que representa la exploración de un álbum que apunta a lo mas íntimo de cada persona que lo escuche, y que pretende conectar, que propone un cambio de lugar, un nuevo punto de vista, acaso un nuevo sonido. Son canciones que conforman un bosquecito, silvestre, orgánico, imperfecto si se lo analiza desde la objetividad técnica, pero genuino al 100%.

Se vienen cositas, y te vas a sorprender.

jueves, 28 de octubre de 2021

A la gorra

 Una de las cosas mas controversiales y decepcionantes que me tocó vivir en mi formación como artista, fue el hecho de entender que las artes no son democráticas. Son exaltadoras de las mayores virtudes de los seres humanos, si. Pero se rige por otras leyes, por otras lógicas. 

Para empezar, existen jerarquías. Estas son establecidas, por ejemplo, por la profundidad de los conocimientos y la calidad del resultado alcanzado. No interesa la fama o la cantidad de guarismos en la cuenta bancaria, los verdaderos maestros tienen una mística, un aura especial que los hace distintos, y por lo tanto tienen ciertas licencias, ciertos créditos para correr riesgos, para experimentar e innovar.

Hermeto Pascoal


 No toda aquella persona que desea dedicarse a una disciplina artística está tocada por las musas ni reúne las características necesarias para abrirse paso en la jungla (o el panteón, según desde donde se lo mire) de los espacios disponibles para dichas actividades.

 


Para el caso de la música, en apariencia, en los últimos años esa situación pudo contrarrestarse un poco, al modificarse los canales de difusión, impusados por la irrupción de los recursos tecnológicos, mucho mas veloces de lo que pudieramos darnos cuenta. Como resultado, Millones de músicos tenemos acceso a dispositivos más que decentes para la manipulación del audio a precios posibles de afrontar, incluso en países pobres, y la oferta de música independiente creció exponencialmente.


https://www.audioproduccion.com/


Virtualmente, cualquiera es capaz de difundir sus creaciones en cualquier lugar del mundo. Solo depende de su capacidad para llamar la atención de sus oyentes, esquivar los obstáculos establecidos por quienes facilitan los canales, empleando algoritmos que limitan el alcance de las publicaciones a menos que se pague por su publicidad, o que se trate de un contenido viral (algo equivalente a ganar la lotería) y estar dotado de un contenido que sustente las razones por las cuales queremos que nos escuchen. 



Si, de alguna manera, las posibilidades de triunfar con la música son mucho mas democráticas que hace unas décadas. El género, el lugar de residencia, el idioma y otros aspectos siguen siendo factores que condicionan mucho el cumplimiento de esta afirmación.

¿Y qué hay del acceso a la cultura por parte del público? ¿Qué hay de nuestros oyentes, de los consumidores de los bienes que elaboramos?

 Nunca pude asistir a un festival masivo de música. Sueño con asistir a Loolapalooza, por ejemplo. Estoy seguro que organizando mis finanzas puedo afrontarlo. Pero soy consciente de que una inmensa cantidad de gente ni se lo propone. Y probablemente se trate de una experiencia que potencialmente podría cambiarle la vida. ¿Por que no? Yo no tengo dudas de que haber tenido acceso de niño a las salas de concierto de mi ciudad me cambió la vida. Recorrer los pasillos, visitar tras bambalinas, camarines, maquinarias, y demás sitios ocultos y privados de los teatros San Martín y Alberdi, de Tucumán, definieron determinantemente mi elección de vida en la música. No podría, pues, negar la importancia que tiene el acceso a la cultura en la vida de las personas.  

Existen espectáculos de diferentes niveles. Eso lo expongo en los primeros párrafos. Las jerarquías están establecidas por múltiples factores. No vale lo mismo el derecho de espectáculo de una banda de inexpertos adolescentes haciendo sus primeros shows en el pub de su barrio, que la entrada a una sala de conciertos para ver a un artista consagrado junto a una producción que incluye aspectos logísticos y técnicos invisibles a primera vista. Eso es una obviedad indiscutible (¿Lo es para todo el mundo?)

Ahora bien, ¿quien tiene derecho a asistir a uno y otro evento? ¿Está bien que el principal criterio sea el poder adquisitivo de los asistentes? 

Si yo entendí bien, esta pregunta engloba el espíritu por el cual se creó hace 61 años el Septiembre Musical en la provincia de Tucumán. Dar a la población el acceso a eventos culturales de jerarquía internacional, que habitualmente, y por sus propios medios, les sería imposible disfrutar. Por extensión, entiendo que la mayoría de las acciones del sector público en materia cultural tienden hacia esa premisa de generar la democratización de la cultura. 

Podríamos pasar temporadas enteras argumentando si la cultura pública debe ser elitista, popular, eurocentrista, etnocentrista, inclusiva, universalista, desarrollista, y un muy largo etcétera. Pero lo cierto es que no toda la actividad cultural puede ni debe estar vinculada a la acción del estado. Y es en este sector privado/independiente donde deseo poner el foco esta vez. 

Música independiente. ¿Una actividad sostenible?


Por definición “se entiende por economía sostenible un patrón de crecimiento que concilie el desarrollo económico, social y ambiental en una economía productiva y competitiva, que favorezca el empleo de calidad, la igualdad de oportunidades y la cohesión social, y que garantice el respeto ambiental y el uso racional de los recursos naturales, de forma que permita satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades”

Dicho en criollo, una actividad sostenible es aquella capaz de generar los recursos suficientes para que quien la practica pueda vivir de ella. En este caso, no se está planteando de manera individual, si no colectiva. Porque no hay dudas de que hay un sector de músicos que viven de la música, pero hay una gran cantidad de personas que la practican de modo deficitario, precisando complementar con otros trabajos para satisfacer sus necesidades económicas, De algún modo, son auto-sponsors. 

Esta precarización del sector no necesariamente implica una producción artística de baja calidad, pero si es un gran obstáculo a la hora de competir de igual a igual con artistas que arriban de otros escenarios, con estandares de producción a otro nivel. En muchos casos se trata simplemente de una planificación con recursos económicos mas holgados, y no precisamente un mejor producto.

 


Me encantaría explayarme acerca de los sistemas de creencias de los artistas locales y su público. Probablemente lo haga en algún otro escrito. Pero hoy quisiera expresar lo siguiente: Es muy común que anteceda el prejuicio, en relación a los artistas locales, de que todo lo propio es peor, y por ende todo lo foráneo es mejor. Ese prejuicio puede ser vencido, pero propone un punto de partida en desventaja, un handicap en desmedro de una propuesta vernácula.

No es mi intención plantear una queja. Las cosas son como son y así se presentan las reglas del juego, los desafíos que hay que sortear. Simplemente, me interesa proponer como objetivo principal de la comunidad artística, aunar los esfuerzos para crear una industria de la música pujante, sostenible, rentable, digna de orgullo para toda la región. 

Aquí volvemos a los sistemas de creencias, necesariamente. ¿Qué se entiende por industria de la música?

Antes de expresar mi visión del tema, preciso explicar que me he topado con gente del ambiente, incluso tratándose de gente experimentada e instruida, que se opone frontalmente al concepto de "industria". Al parecer existe una romantización heredada de generaciones anteriores, que ubica a la actividad musical en un sitio sacralizado, casi como una reserva natural que debe mantenerse inalterada, que no debe ser pervertida por el dinero y sus alcances. Hay quienes afirman que mantener la música alejada de la actividad comercial permite conservar la identidad y el hecho artístico genuino, sin manierismos, sin tendencias y transculturizaciones globalizantes que nos haga repetir fórmulas de manera serial, carente de alma y de expresión honesta. Lamentablemente, ese objetivo no se logra, y las carencias originadas por la falta de rédito económico para las producciones musicales limita antes que propicia alcanzar dichos objetivos. 

Ahora bien, ¿que es industria? Es una actividad económica y técnica que consiste en transformar las materias primas hasta convertirlas en productos adecuados para satisfacer las necesidades del ser humano. Y hablando específicamente de la industria musical

Parece claro que los productos que se ofrecen para satisfacer la demanda de usuarios son las canciones, los shows, los discos, y todo lo que pueda significar un "servicio" a cambio del cual los productores (sean o no artistas) perciben un retorno económico. Ahora bien, cual sería la materia prima? Bien, nada mas y nada menos que los mismos artistas, su talento, su sonido, su imagen, pero sobre todas las cosas, las ideas. La industria musical es principalmente una industria de intercambio de bienes intangibles (los discos serían solamente el soporte, no el bien en si mismo)

Se suele descartar el concepto de "industria", puesto que muchas de las tareas que se realizan son artesanales. Parece que la forma de explotación laboral ha copado el imaginario de lo que es y lo que no es industria, con sus cadenas de producción y montaje a lo "tiempos modernos"

http://www.polvo.com.ar/2018/03/charles-chaplin/

Me explayé demasiado. Lo que intento expresar es que plantear una industria de la música a nivel local implicaría un sinnúmero de ventajas y efectos secundarios mas que positivos.

Tal como copié y pegué mas arriba, se trata de propiciar la generación de trabajo genuino para el sector, reconociendo a cada eslabón de la cadena de valor, jerarquizando y elevando la vara de calidad, de profesionalización y de especialización. 

Como efecto paralelo, para nada secundario, está la identificación que la sociedad adopta con sus artistas, otorgándole un valor de representatividad, de orgullo por lo propio, desarrollando nuevos aspectos identitarios, modeladores de la cultura tanto como espejo de ella.