miércoles, 1 de marzo de 2023
OBSOLESCENCIA PROGRAMADA - ALEJANDRO KAPLAN - En vivo
domingo, 26 de diciembre de 2021
Te debo una disculpa
| Foto: Benjamín Correa Antoni |
Te debo una disculpa. No he sido del todo cuidadoso contigo.
Me pasaron un montón de cosas en este tiempo y no tuve la delicadeza de comentártelo.
Es que ya estoy cansado de justificarme, pero es así, por una vez mas las cosas no salieron como tenía planeado.
| Ilustración: Flavia Rodriguez |
No te conté, tampoco, que a los pocos días me enteré de una superposición de fechas laborales y que tuve que cancelar el recital, sin posibilidad de reprogramación.
Se
termina 2021 y me queda una extraña sensación de no poder
justificar con hechos todo lo maravilloso que fue el año.
Ilustración: Flavia Rodriguez
Te
hablé antes de Micelios, el nuevo álbum en el que vengo trabajando,
y siento que no puede ser mas acertado el título. Así,
subterráneamente, como las raíces, invisiblemente vine construyendo
una red de trabajo que involucró a gente maravillosa, quienes
colaboraron con su arte para concretar un nuevo trabajo discográfico.
Ilustración: Flavia Rodriguez
| Ilustración: Flavia Rodriguez |
viernes, 26 de noviembre de 2021
Columpios
Hay canciones que son atemporales.
Columpios es un canto de amor a mis niñas, que por mas grandes que puedan volverse, seguirán siendo siempre mis chiquitas
jueves, 28 de octubre de 2021
A la gorra
Una de las cosas mas controversiales y decepcionantes que me tocó vivir en mi formación como artista, fue el hecho de entender que las artes no son democráticas. Son exaltadoras de las mayores virtudes de los seres humanos, si. Pero se rige por otras leyes, por otras lógicas.
Para empezar, existen jerarquías. Estas son establecidas, por ejemplo, por la profundidad de los conocimientos y la calidad del resultado alcanzado. No interesa la fama o la cantidad de guarismos en la cuenta bancaria, los verdaderos maestros tienen una mística, un aura especial que los hace distintos, y por lo tanto tienen ciertas licencias, ciertos créditos para correr riesgos, para experimentar e innovar.
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| Hermeto Pascoal |
No toda aquella persona que desea dedicarse a una disciplina artística está tocada por las musas ni reúne las características necesarias para abrirse paso en la jungla (o el panteón, según desde donde se lo mire) de los espacios disponibles para dichas actividades.
Para el caso de la música, en apariencia, en los últimos años esa situación pudo contrarrestarse un poco, al modificarse los canales de difusión, impusados por la irrupción de los recursos tecnológicos, mucho mas veloces de lo que pudieramos darnos cuenta. Como resultado, Millones de músicos tenemos acceso a dispositivos más que decentes para la manipulación del audio a precios posibles de afrontar, incluso en países pobres, y la oferta de música independiente creció exponencialmente.
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| https://www.audioproduccion.com/ |
Virtualmente, cualquiera es capaz de difundir sus creaciones en cualquier lugar del mundo. Solo depende de su capacidad para llamar la atención de sus oyentes, esquivar los obstáculos establecidos por quienes facilitan los canales, empleando algoritmos que limitan el alcance de las publicaciones a menos que se pague por su publicidad, o que se trate de un contenido viral (algo equivalente a ganar la lotería) y estar dotado de un contenido que sustente las razones por las cuales queremos que nos escuchen.
Si, de alguna manera, las posibilidades de triunfar con la música son mucho mas democráticas que hace unas décadas. El género, el lugar de residencia, el idioma y otros aspectos siguen siendo factores que condicionan mucho el cumplimiento de esta afirmación.
¿Y qué hay del acceso a la cultura por parte del público? ¿Qué hay de nuestros oyentes, de los consumidores de los bienes que elaboramos?
Nunca pude asistir a un festival masivo de música. Sueño con asistir a Loolapalooza, por ejemplo. Estoy seguro que organizando mis finanzas puedo afrontarlo. Pero soy consciente de que una inmensa cantidad de gente ni se lo propone. Y probablemente se trate de una experiencia que potencialmente podría cambiarle la vida. ¿Por que no? Yo no tengo dudas de que haber tenido acceso de niño a las salas de concierto de mi ciudad me cambió la vida. Recorrer los pasillos, visitar tras bambalinas, camarines, maquinarias, y demás sitios ocultos y privados de los teatros San Martín y Alberdi, de Tucumán, definieron determinantemente mi elección de vida en la música. No podría, pues, negar la importancia que tiene el acceso a la cultura en la vida de las personas.
Existen espectáculos de diferentes niveles. Eso lo expongo en los primeros párrafos. Las jerarquías están establecidas por múltiples factores. No vale lo mismo el derecho de espectáculo de una banda de inexpertos adolescentes haciendo sus primeros shows en el pub de su barrio, que la entrada a una sala de conciertos para ver a un artista consagrado junto a una producción que incluye aspectos logísticos y técnicos invisibles a primera vista. Eso es una obviedad indiscutible (¿Lo es para todo el mundo?)
Ahora bien, ¿quien tiene derecho a asistir a uno y otro evento? ¿Está bien que el principal criterio sea el poder adquisitivo de los asistentes?
Si yo entendí bien, esta pregunta engloba el espíritu por el cual se creó hace 61 años el Septiembre Musical en la provincia de Tucumán. Dar a la población el acceso a eventos culturales de jerarquía internacional, que habitualmente, y por sus propios medios, les sería imposible disfrutar. Por extensión, entiendo que la mayoría de las acciones del sector público en materia cultural tienden hacia esa premisa de generar la democratización de la cultura.
Podríamos pasar temporadas enteras argumentando si la cultura pública debe ser elitista, popular, eurocentrista, etnocentrista, inclusiva, universalista, desarrollista, y un muy largo etcétera. Pero lo cierto es que no toda la actividad cultural puede ni debe estar vinculada a la acción del estado. Y es en este sector privado/independiente donde deseo poner el foco esta vez.
Música independiente. ¿Una actividad sostenible?
Dicho en criollo, una actividad sostenible es aquella capaz de generar los recursos suficientes para que quien la practica pueda vivir de ella. En este caso, no se está planteando de manera individual, si no colectiva. Porque no hay dudas de que hay un sector de músicos que viven de la música, pero hay una gran cantidad de personas que la practican de modo deficitario, precisando complementar con otros trabajos para satisfacer sus necesidades económicas, De algún modo, son auto-sponsors.
Esta precarización del sector no necesariamente implica una producción artística de baja calidad, pero si es un gran obstáculo a la hora de competir de igual a igual con artistas que arriban de otros escenarios, con estandares de producción a otro nivel. En muchos casos se trata simplemente de una planificación con recursos económicos mas holgados, y no precisamente un mejor producto.
Me encantaría explayarme acerca de los sistemas de creencias de los artistas locales y su público. Probablemente lo haga en algún otro escrito. Pero hoy quisiera expresar lo siguiente: Es muy común que anteceda el prejuicio, en relación a los artistas locales, de que todo lo propio es peor, y por ende todo lo foráneo es mejor. Ese prejuicio puede ser vencido, pero propone un punto de partida en desventaja, un handicap en desmedro de una propuesta vernácula.
No es mi intención plantear una queja. Las cosas son como son y así se presentan las reglas del juego, los desafíos que hay que sortear. Simplemente, me interesa proponer como objetivo principal de la comunidad artística, aunar los esfuerzos para crear una industria de la música pujante, sostenible, rentable, digna de orgullo para toda la región.
Aquí volvemos a los sistemas de creencias, necesariamente. ¿Qué se entiende por industria de la música?
Antes de expresar mi visión del tema, preciso explicar que me he topado con gente del ambiente, incluso tratándose de gente experimentada e instruida, que se opone frontalmente al concepto de "industria". Al parecer existe una romantización heredada de generaciones anteriores, que ubica a la actividad musical en un sitio sacralizado, casi como una reserva natural que debe mantenerse inalterada, que no debe ser pervertida por el dinero y sus alcances. Hay quienes afirman que mantener la música alejada de la actividad comercial permite conservar la identidad y el hecho artístico genuino, sin manierismos, sin tendencias y transculturizaciones globalizantes que nos haga repetir fórmulas de manera serial, carente de alma y de expresión honesta. Lamentablemente, ese objetivo no se logra, y las carencias originadas por la falta de rédito económico para las producciones musicales limita antes que propicia alcanzar dichos objetivos.
Ahora bien, ¿que es industria? Es una actividad económica y técnica que consiste en transformar las materias primas hasta convertirlas en productos adecuados para satisfacer las necesidades del ser humano. Y hablando específicamente de la industria musical,
Parece claro que los productos que se ofrecen para satisfacer la demanda de usuarios son las canciones, los shows, los discos, y todo lo que pueda significar un "servicio" a cambio del cual los productores (sean o no artistas) perciben un retorno económico. Ahora bien, cual sería la materia prima? Bien, nada mas y nada menos que los mismos artistas, su talento, su sonido, su imagen, pero sobre todas las cosas, las ideas. La industria musical es principalmente una industria de intercambio de bienes intangibles (los discos serían solamente el soporte, no el bien en si mismo)
Se suele descartar el concepto de "industria", puesto que muchas de las tareas que se realizan son artesanales. Parece que la forma de explotación laboral ha copado el imaginario de lo que es y lo que no es industria, con sus cadenas de producción y montaje a lo "tiempos modernos"
| http://www.polvo.com.ar/2018/03/charles-chaplin/ |
Me explayé demasiado. Lo que intento expresar es que plantear una industria de la música a nivel local implicaría un sinnúmero de ventajas y efectos secundarios mas que positivos.
Tal como copié y pegué mas arriba, se trata de propiciar la generación de trabajo genuino para el sector, reconociendo a cada eslabón de la cadena de valor, jerarquizando y elevando la vara de calidad, de profesionalización y de especialización.
Como efecto paralelo, para nada secundario, está la identificación que la sociedad adopta con sus artistas, otorgándole un valor de representatividad, de orgullo por lo propio, desarrollando nuevos aspectos identitarios, modeladores de la cultura tanto como espejo de ella.
domingo, 29 de agosto de 2021
Confesiones
Confesiones
Tengo un dilema. No estoy seguro si quiero diferenciar en gran medida al personaje público en que deviene todo artista que pretenda dar a conocer su obra, y la persona verdadera, la de pelo y uña. Pero es que necesito ser honesto con ustedes, y desnudar algunas debilidades.
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| Ph Juan Paolini |
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| Ph Mauro Mancuso |
Hago canciones porque las creo necesarias para cambiar al mundo (para mejor).
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| Ph Marga Fuentes |
martes, 17 de agosto de 2021
Mis playlists en spotify
Te lo digo cantando
La huella que sigo
Tumbacabeza
Antidarwinismo (Selección artificial)
viernes, 13 de agosto de 2021
La Royal - Backstage
Antiguas Formas - Casa Managua - Alejandro Kaplan junto a Matías Manzur y Luciano Ruiz (Percusión)
jueves, 12 de agosto de 2021
Entrevista en Radio 21 - Festival Victor Jara de Cantautores 2019
miércoles, 11 de agosto de 2021
Obsolescencia Programada junto a las Orquestas Solidarias
martes, 10 de agosto de 2021
Algunas reflexiones obvias (y no tanto) acerca de la gestión de una carrera musical independiente
Todo negocio requiere de público que consuma productos. Mucha gente gastando poco es mas rentable que poca gente gastando mucho (al menos es mas posible de lograr un nicho de esa clase)
El juego en la música independiente consiste en construir los puentes que unan a la propuesta del artista con su comunidad. Cada una de estas partes debe ser formada, definida y pulida a lo largo de la etapa de gestación de la carrera artística. La propuesta suele ser ambigua y desordenada, lo cual la hace muy difícil de seguir, de rastrear, de encontrar. Conlleva un esfuerzo para los seguidores hallar sus contenidos. Como la electricidad, los oyentes eligen el camino mas corto, el menos resistente, el mas fácil. Una propuesta mal diagramada atenta contra el flujo de personas que podrían elegir tu música. ¿El resultado? Prefieren escuchar a sus artistas conocidos, preferidos, consagrados.
Los canales son muchos, y todos ellos son dinámicos, fluctuantes, y tienen sus propias reglas y condiciones: tocar en vivo; boca en boca; radio y tv; sellos discográficos; plataformas digitales; redes sociales; email; página web; tiendas de venta de discos (en extinción); folleteria; grafitti; otros artistas; ringtones; mensajería directa; merchandising; etc.
La propuesta debe pretender diseñar un mecanismo de control en cada canal por donde ésta fluya. El análisis cuali/cuantitativo es una habilidad que debe adquirirse a tales fines. Pocos recursos bien administrados son mas efectivos que muchos recursos sin control. Un canal poco efectivo podría significar un derroche de recursos, energía y entusiasmo, y un canal mal monitoreado podría ser un desperdicio de oportunidades mal aprovechadas. Contar con buen asesoramiento de marketing resulta el camino mas conveniente para alcanzar las metas propuestas.
Del otro lado, la audiencia también debe ser diseñada. Resulta extraño de entender, pero partimos de la base en que no existe una propuesta que sea tan universal como para ser consumida por todos los públicos, ni los beatles, ni la coca cola, ni el fútbol gozan del gusto de la totalidad de la gente. Y eso que elegí los ejemplos mas universales y transversales que se me ocurren. Fundamentalmente en la música independiente, las propuestas se corresponden con un nicho limitado y bien definible. Esa especificación conlleva un trabajo minucioso que puede tardar años en construirse. Los early adopters, los clientes primarios, constituyen los cimientos de una carrera profesional prometedora. Lamentablemente, es una posibilidad que esos oyentes no se encuentren nunca, o bien lo hagan muy tarde. Todo depende de la capacidad para detectarlos y tentarlos con nuestra música. Si hacemos la analogía con un pescador, se trata de saber la clase de peces que intentamos pescar, con la carnada y la línea correcta, en el sitio correcto. Si buscamos peces de agua dulce o salada, calma o turbulenta, superficial o profunda, de gran porte o pequeños, batalladores o dóciles, hay una vasta fuente de información, una variedad de enseres y expertos en la materia capaces y dispuestos a guiarnos en la faena.
La música es arte. Es subjetividad. Es comunicación, herramienta de transformación. Se podría describir una lista muy larga de adjetivos y sustantivos que la definan. Pero la música también es un negocio y un medio de vida. Es un trabajo, un oficio, una profesión. Es mercancía, es un bien inmaterial (y también material, en algunos casos), una propiedad. Lo cierto es que la música es una industria que mueve fortunas, y no es mi propósito postular el ascetismo. Los músicos y las músicas tenemos la mala costumbre de comer, de vestirnos, de tener una vida en este mundo material. Hay que sacarse la idea de que lxs músicxs somos especiales, que somos seres diferentes, con una sensibilidad especial, y que representamos una función cuasi mesiánica por la cual el mundo nos debe algo por nuestro incomprendido arte. Existe una seria probabilidad de que la autopercepción sea sobrevalorada, pero también es posible que la falla se encuentre en no comprender el mecanismo que describo mas arriba. Todos los expertos coinciden en que el primer paso para tener éxito (comercial, agrego yo) en la música, consiste en un buen producto artístico. Pero aún un producto artístico mediocre tiene muchas mas probabilidades de trascender si la campaña estratégica es la adecuada, que la obra maestra del siglo sin el debido acompañamiento. Esto es tan obvio que me da vergüenza enunciarlo, pues los ejemplos parecen infinitos. Resumiendo, se podría resumir todo lo antedicho en la siguiente secuencia:
1- ofrecer el mejor producto musical posible. Usted sabrá cómo
2- Hacer uso del/los canal/es adecuado/s según el caso. Usted sabrá cuál
3- Dirigir la propuesta hacia el público correcto. Usted sabrá quién.
4- Evalúe, corrija, repita la secuencia.
¿Es obvio, verdad? Pero perfeccionarse en la realización de cada uno de estos 4 pasos de manera armónica, sostenida y coherente no parece ser la prioridad de la mayoría.
Claramente, este es un resumen burdo y poco detallado de un enorme abanico de especificidades a tener en cuenta. Nunca fue tan fácil acceder a la información como ahora. Mantener la humildad y la curiosidad para aprender son indispensables para abrirse paso en esta era de fluctuaciones constantes en el quehacer cotidiano.
Al final, quisiera agregar un último ingrediente, ya que suelen criticarme por no mencionarlo, de tan obvio que me resulta:
Disfrute del viaje






























